Título original: Sliding doors
Género: Drama,romance
Año: 1998
Protagonistas:Gwyneth Paltrow,John Hannah,John Lynch
Género: Drama,romance
Año: 1998
Protagonistas:Gwyneth Paltrow,John Hannah,John Lynch
¡Y si volviéramos a los años 1990?
Esta película permite hacer una marcha atrás contundente y por varias razones. La primera, porque tiene como protagonista a Gwyneth Paltrow. No la Gwyneth del conscious uncoupling (no espere que le explique qué es, por favor diríjase a su sicoterapeuta más cercano), que come sólo comida cruda y expone su vida en Instagram. No, la Gwyneth que todas las jovencitas admiraban, bueno, no sólo adolescentes sino también veinteañeras. Esa rubia de look descomplicado, larguirucha, fresca, buena imitadora del acento inglés y... Sí, novia del entonces joven galán Brad Pitt.
Segundo, por la música. La banda sonora cuenta con la cantante inglesa Dido, en pleno estrellato en esos años, antes de desaparecer del radar musical. Y tercero, porque la historia se desarrolla en Londres, que a finales de los noventa tenía imagen de ciudad cool antes de que Barcelona le arrebatara el título a comienzos de los 2000 gracias a la cinta el Albergue español.
Volvamos a la película. El sinopsis parte de una premisa que todo mortal se ha hecho,-quizás en este instante usted se está haciendo esa pregunta- qué hubiera pasado si... ¿Y quién no ha fantaseado con esa posibilidad?
Bueno, pues Sliding Doors muestra los dos escenarios posibles. ¿Qué hubiese pasado si Helen se hubiera subido al metro, si las puertas corredizas (por eso el título) no se le hubiesen cerrado en sus narices?
Tanto la opción A como la opción B tienen finales distintos, pero lo interesante aquí es que sí hay situaciones paralelas en tiempos distintos y sobre todo que no importa cuál opción escojamos o tengamos que vivir, hay encuentros, personas, hay pedazos del destino que son inexorables.
En la opción A, Helen, luego de ser despedida, se sube al metro, se entera de que Gerry, su novio, un escritor que está masticando su próxima novela pero que en 190 minutos de película no escribe ni un post-it, la está engañando con una sensual y por demás intensa norteamericana Lydia.
La opción B: Helen, contrariada porque acaba de perder su empleo, es víctima de un intento de robo en plena calle, se golpea contra un árbol, va al hospital y llega a casa. Todas estas peripecias le dan tiempo a Gerry para no ser descubierto in fraganti.
Sin embargo, en los dos destinos posibles Helen termina por saber del engaño de su novio y sobre todo por encontrarse con James, el buen James, cuyos chistes son sacados de los Monty Python, separado, por divorciarse, y que le devolverá la fe en el amor y hará sonreír a la fría londinense.
SPOILER ALERT
El beso, no olvidemos que es lo central de esta entrada, sólo se da en la opción A. En la B tan solo se vislumbra. La escena cuenta con todos los elementos típicos del romance: en un barco, sobre el río, en medio de la noche, con un puente iluminado como telón de fondo, para terminar un día alegre. James, cuyo atractivo radica más en su personalidad y buen humor que en su físico, intenta besar a Helen, pero ella lo rechaza diciéndole "lo siento, a pesar de que todos lo que nos rodea (es decir todos los clichés), están presentes para el primer beso". James se la juega, mostrándose comprensivo, sin mucho drama y ahí Helen por fin toma una decisión: lo besa.
El beso funciona, no es un gran beso que va a hacerle palpitar, ni brillar los ojos, ni desear ser uno de los personajes. En este momento, suena en el fondo una melodía en el piano como de cajita de música que va creciendo con la entrada de violines que sustentan la parca emoción para exaltarla en demasía y hacernos comer el cuento del momento del enamoramiento.
Dese por bien servido, usted también dos opciones: puede ver o no la película pero inexorablemente habrá leído este post.