domingo, 13 de diciembre de 2015

El beso del clásico

Título original: Sabrina
Género: Comedia
Año: 1954
Protagonistas: Audrey Hepburn, Humphrey Bogart



En el cine hay una cosa que se llama clásico. De esas películas que todo cinéfilo debe conocer so pena de sonrojarse durante una conversación que puede terminar en: "no la has visto, a ti que te gusta tanto el cine?"

El problema con estas películas es que por ese atributo, ese deber de gran ejemplo del séptimo arte que le etiquetan, uno tendría que caer rendido ante sus pies, cueste lo que cueste, como una máxima universal  imposible de refutar.

Esto pasa con Sabrina. No hablo de la versión de 1995 con Harrison Ford y Julia Ormond, eso sería faltar de gusto y es un fallido remake, sino de la versión original con la perfecta Audrey Hepburn y el duro seductor Humphrey Bogart.

Debo decir que esta película es de mis favoritas pero hay un elemento que siempre me deja insatisfecha y es precisamente el beso entre Sabrina y Linus Larrabee.

La trama es sencilla. Sabrina Fairchild es la hija del chofer de los multimillonarios Larrabee, que viven en Glen Cove, cerca a Nueva York. La hija del chofer es tímida, amorosa con su padre pero se enamora perdidamente del hijo menor de los dueños de casa, llamado David.

Para sacarla de ese mundo de cruel ilusión (la servidumbre no puede intimar con los patrones), Sabrina es enviada a París -sí, la servidumbre neoyorkina es refinada- a aprender cocina.
Dos años más tarde regresa transformada. Ya no se trata de esa niña tímida sino de una joven elegante, sofisticada -nadie sabe cómo hizo para vestirse en Givenchy- con porte de modelo de la época.

Cuando regresa de París David no la reconoce pero su hermano Linus sí.  Justo ese día los Larrabee dan una des sus grandes fiestas en los jardines de la propiedad y... Sabrina es invitada por primera vez. 

Esa noche se materializa el sueño de la hija del chofer. Vestida con un traje que haría palidecer a cualquier princesa de Disney, maquillaje impecable, Sabrina va a la fiesta, baila una tanda con David y este le da un rendez-vous en el campo de tenis, para un tête à tête.



Linus se da cuenta de todo y evita que David vaya al encuentro; hay un negocio en remojo entre la empresa Larrabee y la familia de la novia de David. Sin embargo, es el propio Linus quien, champagne en mano, va personalmente hasta Sabrina para decirle que su hermano no podrá cumplir la cita Pero que él es su remplazo y así todo queda en familia.

La invita a bailar mientras se oye la música de la orquesta a lo lejos, porque como él mismo lo repite "todo queda en familia".

SPOILER ALERT:
Y luego le dice: "Si David estuviera aquí, seguro que te besaría". Sabrina que está en medio de una ensoñación, sintiéndose como princesa responde por un "mmmm", lleno de gusto. 

Entonces viene el momento esperado, el beso. Menos mal que Billy Wilder nunca pensó, durante la postproducción, en subir el nivel de la música, como si los protagonistas escucharan Puccini al enamorarse. El beso corresponde a lo que se acostumbraba: intenso mas no apasionado, elegante, pero corto, muy corto. Y al final le dice "para que todo quede en familia"...

Lo difícil de aceptar es que este sea el único beso que habrá entre Linus y Sabrina. Al final, cuando se reencuentran, navegando literalmente hacia París, se dan un abrazo y fin. Pero al mismo tiempo es lo que invita a ver una y mil veces la película.

Si hay algo que valga resaltar de esta maravillosa cinta es que la emoción, eso que corta la respiración y produce suspiros, aparece más en los diálogos y las miradas entre los protagonistas que en el beso mismo, que no termina siendo el fin sino el medio. Una sutilidad que las comedias románticas modernas perdieron.

BONUS:  Sabrina le dice a Linus durante una escena en un restaurante que cuando vaya a París debe llover, porque es cuando París tiene el más dulce olor. Sí, nada más cierto que eso...

viernes, 11 de diciembre de 2015

De besos y maxilares

Nombre originalGroundhog Day
Género: Comedia, fantasía, romance.
Año: 1993
Protagonistas: Bill Murray, Andie McDowell

No sé quién hizo el casting de esta película. A pesar de que me parece que Bill Murray hace un muy buen papel y que logra lo que necesitaban —alguien que tuviera la capacidad de ser primero detestable y luego adorable— yo jamás lo hubiera escogido a él. 

Por una razón muy superficial, me parece feo para galán de comedia romántica. Ni siquiera tiene esa cualidad de los galanes de ahora: ñoñez. Es feo estilo vago, todo el día en un sofá, viendo televisión y comiendo papitas fritas. 

Hacer casting es así de frívolo. No obedece al noble "la belleza está en el interior" si no al simple "juzguemos este libro por su portada".

La película es un clásico de la que creo que puedo hablar sin temor a arruinársela a nadie porque es de 1993. Y es la historia de Phil, un reportero del clima que se queda atrapado en el tiempo, repitiendo el mismo día una y otra vez sin cesar.

Una cosa buena que tiene es que no nos explica nada. No salen Whoopi Goldberg o Morgan Freeman representando a Dios para explicarnos cuál es la lección que debe aprender Phil para poder salir de ese atoramiento como en otras cintas sobre lecciones del destino (entre otras, ¿por qué Dios siempre es negro en estas películas?). Y al final nos queda más o menos claro que la lección tiene que ver con el amor, pero tampoco nos imponen esa respuesta. La película considera que somos inteligentes y podemos sacar nuestras propias conclusiones y eso es bonito.

Y se repite, no solo como trama central, sino en los subtemas que aborda: la frustración, la maldad, la muerte, los crímenes, el suicidio, los talentos, la bondad. 

Y el amor al final. 

En un solo día, el único que tiene la oportunidad de vivir, Phil intenta repetidamente enamorar a Rita. O tener sexo con ella. Pero Rita es una chica seria, no va a caer con ridículas estratagemas y varias veces Phil termina abofeteado por ella. 

Esto es lo que me hace pensar que aunque la película tiene que ver con el amor, no es sobre el amor romántico. Es sobre el amor propio. Phil se desprecia cuando comienza la película y al final ha descubierto que para que alguien lo quiera eso tiene que cambiar.

En ese contexto llega el beso. A grandes expectativas, grandes desilusiones. El beso no funciona por una razón igual de simple que la feúra de Bill Murray: es imposible dar bien un beso si jamás se separan los maxilares. 

Los besos de Phil/Bill son solo con los labios. No hay boca involucrada ahí. Junten los maxilares como para morir de bruxismo e intenten luego besar a alguien. ¿Quién podría creerles que hay amor, que hay pasión? ¡Nadie! Andie McDowell hace lo que puede con el material que le dan y Rita se enamora de Phil. 

"¿Sabes qué día es hoy? Hoy es mañana". Es una gran frase para un final. Quedémonos con esa escena:


martes, 1 de diciembre de 2015

Jennifer, cenicienta del beso desinflado

Título de la película: Maid in Manhattan
Género: Comedia romántica
Año: 2002
Protagonistas: Ralph Fiennes y Jennifer Lopez


Maid in Manhattan es una chic flick de segunda categoría. A pesar de tener como galán al talentoso Ralph Fiennes (¿quién no se acuerda del count Almásy del Paciente Inglés?) y a la bella Jennifer López (peinado y maquillaje impecables pues es JLo), la historia de amor no cuaja del todo.

El personaje de Jennifer en esta película es una versión moderna de cenicienta, convertida en camarera de un hotel de lujo en la Gran Manzana. Como su arquetipo, es humilde, trabajadora, bonita y... tiene un hijo, llamado Ty. Sí, esta cenicienta ya tuvo principe azul pero sin final feliz.  Sin embargo, el hijo no es un detalle sino un celestino, que por su franqueza y destreza al hablar de política con sólo 10 años, válgame dios, quién se come ese cuento  deja impresionado a Ralph, senador del estado de NY.

Ralph y Jennifer se conocen en medio de un quiproquo. Ella está en una suite haciendo el aseo, una compañera de trabajo la incita a ponerse la fina ropa (Dolce&Gabbana) de la huésped y llega Ralph con Ty quien viene a pedirle permiso a su mamá para pasear con el senador y el perro del senador que acaba de conocer en el ascensor y ahí es amor a primera vista.

El beso viene después, durante una gala de beneficencia a la que Jenny es invitada por Ralph, quien todavía no sabe que se ha enamorado de la camarera. En este film no hay una sino varias hadas madrinas: las compañeras de trabajo de Jenny y las vendedoras de las boutiques de lujo del hotel quienes le prestan EL vestido y EL collar de diamantes Harry Winston.

La pareja a penas si logra bailar unos pocos compases de una canción de R&B, el vals pasó de moda... Y luego Jenny, que mantendrá la misma cara de tragedia, esa de mi vida es dura pero soy una hispana que va a sacar adelante a su hijo a pesar de la adversidad, se topa con la huésped dueña verdadera del atuendo Dolce&Gabbana, quien la reconoce pero no se acuerda de dónde y sale corriendo.



SPOILER ALERT:

 Nuestra camarera huye de la gala sin perder el zapato. Ralph la sigue, luego la detiene y le dice: ¨estás huyendo de algo que deseas". Claro, Jenny desea ese beso desde el minuto 25 de la película. Ella quiere explicarle, contarle la verdad y la voz le tiembla, algo llorosa, mirándolo con la misma cara de tragedia y un toque de "venimos de dos mundos distintos y por esta mentira no podré tenerte".

En cambio Ralph sí sabe cómo mirar, le brillan los ojos llenos de amor sin parpadear, como si pudiera pasar el resto de su vida mirándola sólo a ella. Un ejemplo de lo que las señoritas y señoras esperan ver en este tipo de cintas, mientras suspiran, con las palomitas de maíz en la mano.

Ella vuelve a hablar pero Ralph se lo impide con un beso, el beso que estamos esperando desde hace  una hora y tres minutos para ser precisos. La cámara lo enfoca a él, lo cual es la mejor decisión  que pudo tomar el director para hacernos creer que había química. Porque ella sólo cierra los ojos y se queda rígida, como un maniquí, con más susto que sorpresa. Desinfle total.

Jenny no se creyó el cuento de hadas, no se dejó llevar por el instante sino que llegó a ese beso con temor. Quizás su primer príncipe azul le dejó un trauma irreparable. Tal vez sea un síndrome que ataca a las cenicientas y que las vuelve menos crédulas cuando las vuelve a tocar el amor.

El beso cínico de Jennifer

Nombre original: The Switch
Género: Comedia romántica.
Año: 2010
Protagonistas: Jason Bateman y Jennifer Aniston.

Una historia sobre inseminación artificial y amor. Y la historia particular alrededor del amor es sobre dos amigos que no saben que se aman. Por lo general esa trama me gusta mucho. Debe ser por lo ideal que me parece enamorarse del mejor amigo y porque cuando tenía 15 años eso fue exactamente lo que me pasó. Además es con Jason Bateman a quien amo desde que salía en "The Hogan Family" que en Colombia fue bautizada como "Valerie", una sitcom familiar de los 80, y que tiene de maravilloso que es un galán de película de los que no son tan guapos y que por lo tanto sabe representar muy bien a ese tipo de hombre seguro que no se toma muy en serio a sí mismo. Es enamorador.

Y sale también Jennifer Aniston a quien amé mientras hizo su papel como Rachel Green. Su problema es que solo tiene dos personajes: Rachel Green y una loca deprimida de mirada triste que fuma marihuana y tiene sexo sin amor. Son los dos roles que le conozco en las 55 producciones que dice el IMBd que tiene en su haber.

En esta película en particular sale haciendo el papel de Rachel. Y el problema de Rachel es que ya sabemos cómo amó a Ross. Muy en serio al principio y luego como jugando al amor. En la última temporada de Friends Rachel ya no amaba a Ross y sin embargo se quedó con él. O lo amaba, sí, pero como se quiere a un hermano: sin mucha pasión.

Spoiler Alert:

En The Switch el beso llega al final de la cinta.

Antes de eso hemos visto en Wally —Jason— como crece un sentimiento hacia Kassie —Jennifer— que aunque está matizado por la neurosis de su personaje se adivina inmenso. En cambio en ella hemos visto solamente una expresión facial en la que deja ver que, si él la ama, ella estaría dispuesta a reconsiderar un matrimonio futuro con otra persona. Pero no más. Ella no lo mira con amor. Tampoco lo mira con deseo. Ella lo mira como con desespero. "No me aguanto a este tipo". Claro, muchas veces el amor es así, pero si no se mezcla una mirada lasciva entre esas otras lo que hay ahí es simple jartera.

Cuando se supone que ella debe mirarlo con cara de ternura, Jennifer hace cara de "ay, no seas tan gracioso, no me vayas a salir con que me amas", "¿me amas? Jajajaja, ay, qué lindo". Que es el cinismo en su mayor expresión. Ella no le cree, no confía, no se entrega a ese sentimiento. 

Y en ese contexto llega el beso. La escena a partir del minuto 1:16:44 (Si no han visto la película ahí está en enlace completo, aunque también está en Netflix).


Varias cosas para decir sobre la escena:

Ella está brava, esa parte me parece creíble. El problema es que nunca deja de estar brava. Ni cuando le dice que rechazó a otra persona, que era perfecta, porque no era él, que está lleno de lindas imperfecciones. Pero bueno, digamos que hay gente que ama con mucha rabia. El hecho de que durante el beso la cámara nos muestre a Jason me hace pensar que ella nunca fue capaz de cambiar de expresión. También hay que decir que él lo hace perfecto. Se acerca, la besa y solamente cierra los ojos luego de ese momento con cara de "esto es lo mejor que me podía pasar en la vida, estoy besando a esta mujer que además es mi mejor amiga". Muy bien. No entiendo cómo es posible que ella no responda a eso con la misma locura del amor que solo se cura con amor. 

Mostrarse vulnerable es fundamental para el amor. Estar en posición de perderlo todo y confiar en el otro, que puede tomarlo y hacerte infeliz, es exactamente lo que uno debería transmitir cuando ama como se supone que se ama en esas comedias románticas. Y Jennifer tiene un problemilla justo ahí.